lunes, 12 de febrero de 2018

Frente de Madrid

1939 Italia. 96 minutos. Director: Edgar Neville. Guión: Edgar Neville. Música: Enzo Carabella. Fotografía: Jan Stallich. Productora: Film Bassoli. Reparto: Rafael Rivelles, Conchita Montes, Juan Landa, Fosco Giachetti, Blanca de Silos, Crisanto Blanco, Manuel Miranda, Luís López Estrada, Argimiro Guerra, Carlos Muñoz, Manolo Morán.
Sinopsis: Carmen y Javier tenían pensado casarse el 18 de julio de 1936, pero el estallido de la Guerra Civil frustró su enlace. Al no poder volver a la ciudad dominada por el bando republicano, Javier tiene la oportunidad de cruzar el frente para entregar un mensaje a un jefe de la resistencia y además aprovechar para visitar a su novia Carmen, que vive en la calle Serrano bajo la protección del padre de su doncella, un republicano contrario a las purgas. Los dirigentes republicanos saben que un espía ha cruzado las líneas y saben de la existencia de quintacolumnistas. 

Después de jugar algunos años al progresismo azañista, a Edgar Neville le brotaron sus anticuerpos de clase en cuanto los sindicatos salieron a la calle tras la sublevación franquista y vio en peligro su estatus de aristócrata “bon vivant”, pasándose en cuerpo y alma a la fachenda en armas. Así lo demostraron sus actos y sus obras cinematográficas. Una de ellas fue este “Frente de Madrid”, la cual contiene algunos planos e iconografías que luego rimarían en su posterior y más interesante “La torre de los siete jorobados”. Y de jorobados va la cosa, porque para Neville, siguiendo en esto las teorías raciales, tanto germánicas como hispánicas, los revolucionarios son feos, malformados y antipáticos. No así los fascistas: limpios, altos, cultos, educados, guapos y simpáticos. Y a eso algunos críticos lo llaman sutileza. El mismo tipo de caracterización aparece en “El judío Suss” o en “Los Rothschild” y para esos mismos críticos no es más que puro nazismo (y lo era). En fin, en el país de los ciegos, el tuerto es el rey y Neville en España ha jugado este último papel; eso sí, fue un tuerto con mucha vista, pues dirigió un puñado de buenas películas; si bien hizo otras no tan estimables, como esta “Frente de Madrid”, que aunque, cierto es, muestra un desenlace que sube algunos puntos la calificación de la obra (y que iría en contra de las directrices ideológicas del posterior “cine de cruzada”); y una realización que no puede desdeñarse, no alcanza el nivel de las obras posteriores que le darían nombradía (El último caballo, La torre de los siete jorobados o El crimen de la calle Bordadores). Aun así se puede ver, y si nos ponemos en plan arqueológico o historiográfico, se debe ver.

No hay comentarios:

Publicar un comentario