lunes, 8 de enero de 2018

Andre Turner

Dos minutos bastan para explicar ciertos partidos de baloncesto. No todos, por cierto. Pero dos minutos bastaron para que Caja San Fernando y Joventut quedaran desnudos ante ellos mismos. Puestos a dilucidar quién tenía algo más de peso para seguir vivo en la Copa, situado el debate en su punto más caliente, quedó patente que no había demasiados personajes sobre el parqué. Y puestos a ser más precisos, fue evidente que cuantos jugadores españoles estaban sobre la cancha en esos momentos ejercían un papel secundario. En otras actividades se les llamaría subalternos. Para mayor abundamiento, el choque quedó listo para una prórroga.Y esa prórroga fue, desde el primer minuto al último, de un base menudo llamado Turner. Un base curioso, que rompe el estereotipo: no se ríe, no se pasa la vida corriendo, no parece disfrutar de esto. Turner ganó el partido. Fue mejor que Anderson. Tuvo más peso que Garrick, que Frank y que Toolson. Es un hombre serio y sobrio, que corre cuando tiene que correr. No vive del ritmo; marca el ritmo.
Caja San Fernando y Festina Joventut tardaron una eternidad en entrar en calor. Les unía saber que iban por el camino fácil de esta Copa, es decir, el desfiladero donde no están emboscados ni el Real Madrid ni el Barcelona. A pesar de ello, de que se les presentaba un panorama menos siniestro que a otros, se lo tomaron con cierta timidez. Al Joventut le pesa su pasado glorioso. No puede disimular: el equipo joven y de alta escuela de otros tiempos es ahora un pequeño burgués que vive realquilado.

Al Caja San Fernando le pudo su inexperiencia en estas lides y una evidente descoordinación en su estructura: es más ambicioso el propio entrenador que cualquiera de sus jugadoresQuedaban dos minutos y la situación dictaba un empate de facto (76-77 para el Joventut). El Caja había apuntado que iba a hipotecar su juego con lo que pudieran hacer Garrick y Anderson en la línea exterior. Ya se sabe, dos negros bajitos, dispuestos a no contar con nadie más. Frente a ellos Turner, más menudo todavía, pero inmutable.
Un somero recuento de las acciones registradas durante esos dos minutos, evidenciaba que Turner movía al Festina Joventut, pero que los americanos del Caja San Fernando iban por su cuenta. Aplazado el combate a una prórroga, la balanza se desniveló abruptamente. Por encima de todos estaba Turner tomando las decisiones correctas en los momentos precisos, sin desperdiciar una posesión. Toda la prórroga fue suya, cuando sus rivales entraron en barrena. Serio, reflexivo y frío. No sonríe este hombre, ni falta que hace. De él depende este Joventut en horas bajas.

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