domingo, 18 de junio de 2017

Mina de Kaiseroda

El 3 de febrero de 1945, la aviación americana barría Berlín. Los intestinos acorazados del Reichstag, el Parlamento Alemán, guardaban con celo la impresionante fortuna de 7.500 millones de dólares en oro. Las tropas aliadas avanzaban sobre las ruinas de la capital del nazismo, bajo el mando del General Patton, camino del “banco nazi” a la espera de encontrar los miles de millones de dólares en barras de oro con las que la feroz maldad de Hitler y los suyos costeó la maquinaria mortal alemana. Los primeros soldados de las divisiones de infantería americana pisaban el acerado berlinés al día siguiente, con fuego silbándoles junto a los cascos. A toda prisa, salían sospechosos camiones desde el Reichstag.El director del Banco Nacional del Tercer Reich era el Dr. Funk, que haciendo suya la expresión, “a río revuelto, ganancia de pescadores”, con las primeras bombas movilizó a todo el funcionariado nazi. Decenas de camiones salían días antes del fin de la II Guerra Mundial camino de Kaiseroda, una mina de 800 metros de profundidad destinada a esconder 100.000 kilos de oro y  1.000 bolsas cargadas de marcos en billetes. Para llegar a la mina, hicieron falta cargar 13 vagones de tren. Los últimos camiones que se dirigían a la estación de ferrocarril berlinesa, se le escaparon a Patton delante de sus narices, pero casi dos meses después, el gran estratega, el gran general al mando de la 3a. Armada de Estados Unidos, consiguen la información suficiente y dan con la mina. Poco antes, a finales de marzo y gracias a la colaboración de trabajadores del banco alemán, pudieron sacar 450 bolsas de billetes. Las tropas norteamericanas llegaron el 4 de abril y el día 7 las tropas descendían más de 700 metros bajo el suelo.
arte de las tropas aliadas, en una mina de Potasio a 800 metros de profundidad cercana al poblado de Merkers, al suroeste de Berlín.
La mina conocida como Kaiseroda contaba con 50 km de túneles a través de cinco entradas y fue detectada en 1945 cuando soldados norteamericanos que controlaban el poblado de Merkers, escucharon sorprendidos comentarios acerca del lugar secreto y rumores del tesoro por parte de pobladores.

Dos días después asistieron al lugar dos oficiales del ejército para descender por un ascensor unos 700 metros por la mina. En el lugar, encontraron lo que probablemente sería el depósito más rico del momento.
En distintos túneles y cuevas hallaron entre otras cosas: Mil millones de marcos en 550 bolsas, 8.527 lingotes de oro, monedas de oro francesas, suizas y de Estados Unidos, maletas con diamantes, perlas y otras piedras preciosas robadas a las víctimas de los campos de concentración, incluyendo algunos sacos de coronas dentales de oro.
El mayor tesoro de los nazis, almacenado en un solo lugar, alcanzaba según cálculos, más del 90 por ciento de las reservas del régimen caído y fue escondido por orden del doctor Fung, entonces presidente del ostentoso Reichsbank. Se calcula que el traslado en tren de tamaño tesoro requirió un mínimo de trece vagones.
Además del dinero y el oro, el lugar resultó ser uno de los más grandes depósitos de obras de arte confiscadas por los nazis, incluyendopinturas de 15 museos alemanes e importantes libros.
Los bienes y obras de arte rescatadas fueron cuidadosamente transportadas en más de diez camiones a la sede del Reichsbank en Frankfurt, para su posterior clasificación y restitución. Aunque hasta el día de hoy, muchas obras de arte y riquezas confiscadas por los nazis continúan desaparecidas, el hallazgo de la mina de Merkers constituye el mayor blanqueo y reparación material de los tesoros de posguerra.
Los americanos contabilizaron el dinero; nada menos que el 93.17% de todas las reservas de Alemania estaban a casi un kilómetro de la superficie de la tierra. Pero eso no era todo. Alguien se había entretenido en hacer nuevos túneles y por las pruebas practicadas, eran muy recientes y desde luego no con el propósito de ampliar la mina. Las tropas del III Ejército de los Estados Unidos se metían por la madeja de túneles; nadie podía creer lo que estaba viendo. Ni siquiera habiendo dejado atrás miles de millones en oro. Ni tras haber hecho el recuento de toneladas de metales preciosos. Estaban, nada más y nada menos, que ante el mayor expolio artístico de la Historia de la Humanidad: 400 toneladas de arte, pinturas de 15 museos alemanes, libros incunables de colecciones privadas y un total de 11.750 cajas de piezas artísticas y objetos históricos que tuvieron que ser sacados en 32 camiones de 10 toneladas para su estudio e inventariado. El robo más grande del Mundo; pero los nazis se resistían a confesar; tras meses de investigaciones y detenciones, el ejército de los Estados Unidos aclaró la procedencia de 14 millones de dólares en oro y 41 millones en marcos, pero nunca se hallaron otros expolios, como el tesoro de la Casa del Bosque. Se habían esfumado sin que nadie supiera a dónde ni quiénes fueron los responsables, casi 57 millones de dólares actuales en oro.

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