martes, 30 de julio de 2013

evacuación de el prado en la guerra civil

Era la obsesión de manuel azaña diaz, salvar los cuadros de el Prado. LLegó a afirmar, que prefería pegarse un tiro, antes de que cualquier cuadro sufriera el más mínimo daño.
El traslado de obras del Museo del Prado (1936) fue un episodio de lahistoria del museo del prado consistente en la evacuación de una remesa de obras artísticas de la pinacoteca madrileña durante la  defensa de la ciudad en plena  contienda civil por la junta de defensa del tesoro artístico.
El traslado de las casi 2000 obras que comenzó en el invierno del año 1936, tuvo diversos destinos a lo largo del levante español  primero fueron a valencia , luego a cataluña , hasta que finalizaron en la sede de la sociedad de naciones  en ginebra..

El convoy se componía de unas 361 obras pertenecientes al Museo del Prado, siendo el resto del museo de arte moderno,el escorial  del palacio nacional , de la academia de san fernando , obras de coleccionistas particulares (por ejemplo la condesa de chinchón degoya , entonces perteneciente a los duques de sueca ) y también piezas procedentes de otras ciudades  Finalmente la expedición regresa a Madrid en septiembre del año 1939, y las obras se reintegran en la pinacoteca española

El levantamiento nacional  en diversas áreas de España durante el verano de 1936, hizo que diera comienzo un conflicto armado que dividiría el territorio en dos bandos confrontados. Las tropas rebeldes, más preparadas y acondicionadas para el combate, se encontraban acantonadas en el protectorado de marruecos  y pronto se hicieron fuertes en diversas ciudades importantes del sur de España. Madrid en los primeros instantes se decantó por el bando republicano, y esto hizo que fuese desde sus inicios un objetivo militar. De esta forma en otoño del año 1936 las tropas rebeldes dirigidas por el general varela  desplazaron las columnas a Madrid. De octubre a noviembre de ese año el frente fue estableciéndose en los alrededores de la casa de campo . Las tropas rebeldes  apoyadas por la aviación alemana  e italiana hicieron varios bombardeos sobre la población civil madrileña, así como sobre diversos objetivos militares supuestamente ubicados en barrios madrileños populares. La situación era tan grave que se decidió salvaguardar las obras de posibles saqueos sobre obras de arte.
Uno de los primeros impulsores de la protección del patrimonio fue ricardo de orueta , que estuvo a cargo de la Dirección de Bellas Artes. Se intentó llevar parte del patrimonio a la exposición internacional de n york, en 1939 , pero el intento quedó en la nada. Finalmente se creó la Junta de Defensa del Tesoro Artístico Nacional y se decidió trasladar la mayor parte de la obra pictórica a las zonas de levante que por aquella época se encontraban alejadas del intenso bombardeo.


Con el objeto de controlar el patrimonio y los efectos de la quema incontrolada de templos durante los primeros instantes de la revuelta, se crea el 23 de julio de 1936 la Junta de Incautación y Protección del Tesoro Artístico (JIPTA), a iniciativa de la alianza de antifascistas . Dicha Junta de Incautación se oficializa con el nombre de la junta de defensa del tesoro nacional  Tenía como finalidad la intervención directa en palacios, museos, iglesias y otros edificios incautados con el objetivo de reconocer, inventariar y trasladar a depósitos convenientemente acondicionados para su conservación.Su trabajo era impedido y obstaculizado, en muchas ocasiones, debido a la carga emocional de las noticias que procedían del frente de batalla, así como los bombardeos que calentaban los ánimos de la población. En muchos casos las obras que se deseaban rescatar pertenecían bien a la iglesia, bien a colecciones privadas. El rencor institucional, el anticleralismo, y la rabia de la población dificultaba en algunas ocasiones las labores de los restauradores del patrimonio.


La Junta de Defensa delega en la Junta Central del Tesoro Artístico que posee sus propias Juntas Delegadas con ámbito puramente provincial. Su estructura se centra en los vocales, y su presidencia recae en el pintor timoteo pérez rubio hasta el final de la contienda en el año 1939. Poseyendo entre sus miembros a personal técnico de los diferentes museos de la península. Algunos de ellos como ramón viciano, julio prieto  y el arquitecto del Museo del Prado josé lino vaamonde  Todos ellos son los encargados de coordinar la defensa del patrimonio en el bando republicano.
El Museo del Prado se cierra preventivamente el 30 de agosto de 1936 y la primera orden de evacuación se envía al subdirector del Museo sánchez cantón  el 5 de noviembre de 1936 cuando se produce el enfrentamiento en la ciudad, en lo que será la batalla de la ciudad universitaria  que técnicamente durará tres años. Durante estos meses de intenso combate en las cercanías de Moncloa, se producen fuertes bombardeos aéreos y artilleros que causan estragos en el interior de la ciudad, algunos de los cuales afectan al Museo del Prado, al Museo de Arte Moderno y a la Academia de San Fernando. Esta situación provoca que se decida evacuar el patrimonio artístico inmediatamente.


La evacuación recae en la Junta de Defensa del Tesoro Artístico Nacional y sus principales responsables serán josep renau joven cartelista y publicista nombrado director general de Bellas Artes en septiembre 1936, y el arquitecto vaamonde . Se realizan una serie de operaciones previas como son: la selección de las obras a evacuar, la realización de exámenes y elaboración de fichas e informes , la preparación de las obras y embalajes de transporte, la búsqueda de camiones en el frente de batalla, la entrega y colocación de las obras en depósitos provisionales y su instalación definitiva.
Para la selección de las obras se realizaba por la limitación en el embalaje y transporte existente en una ciudad sitiada. De cada obra se realizaba un informe que contenía datos como autor de la obra, título, supeficie, medidas y este expediente se cumplimentaba con un histórico del viaje que realizaba, hora de salida, de llegada y condiciones atmosféricas (medición de higrómetros , termómetros ). Algunas obras estaban en muy mal estado y los conservadores del propio museo se negaban al traslado, en la mayoría de los casos se consideraba que el riesgo era mayor si estas obras permanecían en madrid  durante el conflicto . Los debates de cada obra eran suficientes como para ser detallados en los informes, se debatía sobre los métodos de conservación, sobre los formatos de transporte (la mayoría se portaron en bastidores, rechazando su transporte en rulos).

Los bastidores se sujetaban a los camiones y se empaquetaban con papel continuo y luego se aplicaba una segunda capa de papel impermeable. Para evitar el movimiento se sujetaban con listones de madera ignifugada e impermeabilizada. Las cajas se atornillaban para evitar los golpes de los amortiguadores. Toda caja estaba precintada e identificada. La ejecución de los embalajes se supervisaba por los organizadores. La celeridad con la que se hicieron estas operaciones y el aprendizaje hizo que poco a poco se fuera formando un equipo especializado de operarios que trabajaban en cadena.
 Tras el cuidadoso embalaje de las obras se procede al montaje en los camiones que se dirigirán a Valencia. Se empelaron camiones militares (un recurso extremadamente valioso en el Madrid de la época) acondicionados con extintores y medidas contraincendios. La mayoría tuvieron que ser acondicionados con soportes de hierro capaces de incluir los embalajes de las obras. En la primera expedición se pudo ver que los embalajes de algunos cuadros no podían pasar por los puentes, tal es el caso del puente de arganda  Esto obligó a los transportistas a sacar los embalajas y pasarlos a la otra orilla a pulso. Al llegar a Valencia se entregaban mediante acta a la Direción General de Bellas Artes.

 Apenas tres semanas tras el fin de la Guerra Civil en Madrid, el muralista catalán josep sert reclama a los  altos mandatarios  de la sociedad de naciones  que se reintegre al estado Español el patrimonio del Museo del Prado. Tras una exposición de las obras en Ginebra, la expedición regresa a Madrid en septiembre del año 1939.Bajo la amenaza de una nueva guerra mundial que estaba en ciernes. Se reclama desde España un inventario  al Secretario General de la Sociedad de Naciones que contenga las obras antes de que éstas entren en el Museo. Un tren que sale de Ginebra la noche del 6 de septiembre de 1939 y contiene en sus bodegas las obras del Museo del Prado, recorre territorio francés con las luces apagadas con el objeto de evitar los bombardeos alemanes. Las obras llegan finalmente en octubre del año 1939 tras un periplo de casi tres años fuera del Museo del Prado. Se hizo cargo de su reincorporación el servicio de la defensa del patrimonio nacional, organismo creado en el bando nacional el 22 de abril de 1938. Este organismo con el tiempo se convertirá en el instituto del patrimonio histórico nacional


 6 de noviembre de 1936. Los Junkers alemanes de la Legión Cóndor se ceban con Madrid. Las bombas alcanzan al Museo del Prado. El presidente de la República, Manuel Azaña, decide que ha llegado el momento de completar la evacuación de las obras iniciada tímidamente bajo la dirección de Rafael Alberti. Puede haber más repúblicas o incluso regresar la Monarquía, pero un tesoro como éste sólo hay uno. A los pocos días comienza el largo viaje que acabaría con la llegada a Ginebra en febrero de 1939 de más de 20.000 obras maestras.
Esta formidable aventura, que contó con involuntarios protagonistas de la talla de Rembrandt, Velázquez, Goya, Tiziano o Rubens, podría haber sido escrita por el mejor guionista del más insuperable thriller.

Pese a haber transcurrido casi setenta años de aquello, lo ocurrido con los fondos del Prado durante la guerra ha sido poco tratado por los historiadores. Como en un extraño pacto de silencio de todas las partes implicadas. Hasta ahora. El historiador Arturo Colorado Castellary (Huelva, 1950) reconstruye el relato en Éxodo y exilio del arte. La odisea del Museo del Prado durante la Guerra Civil (Cátedra), al tiempo que un documental, Salvemos el Prado, realizado por Alfonso Arteseros, añade luz sobre el periodo con declaraciones de testigos y protagonistas de la aventura.

La historia, desde luego, cuenta con todos los ingredientes. Un total de 71 camiones trasladaron a Valencia las joyas del Prado (a las que se sumaron otras de El Escorial, la Academia de San Fernando, el Palacio Real o el palacio de Liria). De ahí, a Barcelona. Y Figueras. Al fin, el tesoro quedó a salvo al otro lado de la frontera junto con los miles de españoles ateridos por el frío y confundidos por el hambre en 1939, en aquel despiadado invierno del exilio.
El destino de los cuadros corrió paralelo al del Gobierno de la II República. Y siempre estuvo bajo control directo del presidente. "Debajo de nuestro comedor estaban los Velázquez", escribe Azaña en el castillo de Peralada ya en los días finales de la caída de la Cataluña republicana. "Cada vez que bombardeaban en las cercanías me desesperaba. Temí que mi destino me hubiera traído a ver el museo hecho una hoguera. Era más de cuanto podía soportarse".
Todo había empezado en realidad en agosto de 1936, cuando el Museo del Prado hubo de cerrar sus puertas al público. Las obras más importantes fueron descolgadas. Cubiertas con mantas y plásticos, ocuparon la parte baja del edificio, junto a otras requisadas por la Junta de Incautación y Protección del Tesoro Artístico, que presidía Timoteo Pérez Rubio, protagonista también inesperado de la operación de salvamento del museo.
Alfonso Pérez Sánchez, que fue director del Prado durante ocho años, se pregunta en el prólogo del libro sobre la necesidad de la operación vista con la perspectiva del tiempo. Su respuesta es contundente. Los bombazos caídos sobre el palacio de Villanueva en los primeros días de la guerra ya justificarían la decisión. Aunque ésta tuviese que tomarse en medio de unas condiciones que la desaconsejaban. Y contra la propaganda fascista, que extendió la idea de que si los cuadros salían sería para ser cambiados por armamento. Pérez Sánchez concluye que el viaje no sólo fue imprescindible, sino que todos los españoles tienen una deuda moral pendiente con los responsables de la operación.
La precaria salida de las primeras obras, organizada por Alberti, prosiguió con las máximas garantías posibles entre abril y mayo de 1937. Las bombas que alcanzaron el Prado en noviembre de 1936 habían sonado a estruendoso ultimátum. El transportista Macarrón se encargó del embalaje de miles de piezas, recubiertas con cartón impermeable y empaquetadas a bordo de camiones que viajaban a 15 kilómetros por hora.

En Valencia, las obras se instalan en las Torres de Serrano, una auténtica fortaleza. A finales de 1937, el avance de las tropas nacionales fuerza a un nuevo traslado. El Gobierno se muda a Barcelona y Azaña decide que la caravana artística le acompañe a Cataluña. El castillo de Peralada, a 10 kilómetros de la frontera, y la mina de talco de La Vajol son los últimos escondrijos para el tesoro.







Febrero de 1939. Cataluña está a punto de caer ante el empuje de la Legión Cóndor. Hay que organizar la salida bajo la protección de los países democráticos. El pintor catalán José María Sert se pone a ello. El 2 de febrero se firma el Acuerdo de Figueras. En Francia, las obras son trasladadas en tren. Cuando, tras su entrada en Ginebra el 13 de febrero de 1939, los operarios que abrieron las 572 cajas del tesoro, custodiadas en el palacio de la Sociedad de las Naciones, respiraron aliviados. Los 45 velázquez, 138 goyas, 43 grecos seguían allí con el resto del tesoro.
http://www.youtube.com/watch?v=WDU0rXUrIC8
 Manuel Azaña díaz, presidente de la segunda república, quién dijo que el prado valía más que la republica y la monarquía juntas,  más que un político un pensador y filosofo, de su obsesión por salvar el arte de las hordas fascistas, a salvado un legado cultural de valor incalculable, es y no sólo por esto, el presidente más digno que jamás tuvo España a lo largo de toda su historia. Soy republicano, no lo escondo.
Os dejo un enlace con un documental con la evacuación del museo del prado
Y os recomiendo una película sobre el tema: la hora de los valientes.
Y un libro sobre el tema: el cuadro, el ciego y la corredora, de antonio lópez alonso.


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